Ana María Balbi
Profesora Superior en Historia y en Ciencias
Sociales
Docente en la Escuela Normal Superior
"Osvaldo Magnasco". Nivel Superior.
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LOS
CHANÁ
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NUESTRAS RAÍCES...
mas profundas.
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Los cimientos profundos de nuestra cultura se hunden en
las etnias que conforman el universo indígena argentino
prehispánico. El mundo aborigen, que con frecuencia ha sido
representado como un mundo fragmentado de tribus aisladas e
ignorantes entre sí, pequeño y reducido geográficamente, en
realidad se caracterizó por su multiplicidad y diversidad, así
como, por su dinamismo y amplitud. (1)
Las etnias autóctonas fueron verdaderas naciones con
identidad social y cultural. Naciones que se comunicaban e
influían mutuamente y eventualmente se enfrentaban.
Desarrollaron una concepción religiosa de la naturaleza en la
que estaban inmersos, estableciendo una relación profunda y
respetuosa con al tierra, los árboles y los animales.
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EL ÁREA
CULTURAL DE LOS GRANDES RÍOS
Para comprender las
culturas aborígenes es indispensable conocer su localización
geográfica y la relación dinámica con el medio. Los grupos
en la Mesopotámica tuvieron un estilo de vida que se desarrolló
en relación estrecha con los grandes ríos: el Uruguay y el
Paraná en sus cursos medio e inferior y los ríos más pequeños
que son sus tributarios.
La ciudad de Victoria sé llegue a orillas del río homónimo,
desde sus puntos más altos visualizamos meandros caprichosos,
islotes cambiantes, verde llanura sin fin, sólo interrumpida
por: escasos árboles, algunos albardones y si nos acercamos
lo suficiente, por curiosos montículos... Estamos observando
parte del hábitat de la gran nación chaná que tuvo una
amplia zona de dispersión en ambas costas del Paraná,
dividida en entidades (mocoretáes, calchines, quiloazas,
corondas, timbúes, caracáes, chanáes, beguaés) que compartían
una misma base cultural. (2)
LA
RELACIÓN DINÁMICA CON EL MEDIO
Los chaná-timbú se
establecieron en las tierras bajas de nuestro departamento,
desarrollando una modalidad cultural en estrecha relación con
el río. Para estos avezados canoeros los cursos de agua
sirvieron como rutas de desplazamiento; sus embarcaciones,
troncos ahuecados de gran porte, fueron al mismo tiempo ágiles
fortalezas y medio de transporte, gracias a las cuales
mantuvieron contacto y recibieron influencias de otras etnias.
El rico ecosistema deltaico les permitió gozar de una
dieta variada compuesta por carne, fruto de la caza de
animales de la fauna autóctona; por el pescado en gran
proporción; por diferentes productos y vegetales provenientes
de la recolección, tales como raíces, caracoles, miel
silvestre, etc. Si bien fueron grupos pescadores y cazadores
por excelencia, el cultivo en pequeña escala de maíz,
calabaza y poroto, fue practicado por los timbúes. Actividad
adquirida probablemente de los guaraníes que habitaron entre
ellos.(3)La
explotación equilibrada del medio les permitía consumir lo
necesario y hacer reservas de alimento.
A
orillas de los ríos y lagunas, en sitios altos, emplazaron
sus aldeas y cerca del río enterraron a sus muertos. Al
morir, la tierra los cobija cerca de los vivos en
enterratorios intencionales. Acompañados de ajuar funerario y
en posición de descanso.
Los juncos hicieron las veces de paredes de las casas
comunales que albergaron a varias familias de carácter poligámico
que vivían bajo el arbitrio de los hechiceros, la sujeción a
caciques tribales y a un gran señor principal.
Vestidos con el manto de piel de los nómadas, también
utilizaron prendas de algodón cuya presencia abre el
interrogante si el mismo fue el fruto de la aplicación de técnicas
de hilado y tejido por parte de los chaná o el resultado del
intercambio con otras etnias.
Hombres y mujeres perforaron su nariz y lóbulos para
engalanarse con lo que la naturaleza les proveía: piedras de
colores, huesos de extremidades de pájaros, valvas de
moluscos locales y pequeños caracoles marinos de la costa
bonaerense, y también adornos de metal proveniente,
probablemente de la vinculación con los indígenas del
Noroeste. (4)
La perforación del labio inferior estuvo reservada a
los varones de la tribu, porque de la misma pendía el tembetá,
símbolo de virilidad. La práctica del canibalismo estuvo
vinculada a los ritos de iniciación por medio de los cuales
los púberes de ambos sexos eran incorporados al mundo de los
adultos, a partir de esta ceremonia podían pintar sus
cuerpos, símbolos inequívocos del nuevo status.(5)
El utillaje
chaná fue confeccionando de hueso y de piedra en menor
escala. Utilizaron como arma el arco, las flechas y
propulsores o tiraderas.
EL
REALISMO CREATIVO
La expresión
artesanal más relevante fue la cerámica. Una vez más el
medio les proporcionó la arcilla rica en materia orgánica
que, en manos de los aborígenes adquirió diversas formas:
ollas, cuencos y platos, con decoración incisa en guardas
geométricas.
La arqueología también ha rescatado ejemplares de cerámica
modelada con figuras zoomorfas colocadas al borde del
recipiente, cumplían una función de asas. La fauna
circundante constituye el motivo más representado: en
especial las cabezas y colas de loros, lechuzas, patos, entre
las aves, felinos, batracios, ofidios y también
representaciones antropomórficas.
ESAS
ENIGMÁTICAS CAMPANAS...
Sin embargo el
hallazgo arqueológico que ha llamado la atención de los
especialistas y planteado sugerentes interrogantes acerca de
su verdadero origen y funcionalidad han sido: “las alfarerías
gruesas” para Antonio Serrano; la “Cultura de Campanas”
para el investigador Fernando V: Gaspary que consideró el
departamento Victoria, el centro de esta “cultura” en el
inicio del período tardío del litoral.
Desde la respectiva arqueológica se denomina
“campana” a un vaso de cerámica hueca, de paredes
gruesas, de base abierta, campaniforme o cilindiforme, que
además de su abertura basal, cuenta con orificios laterales o
cuspidales.
La morfología de las campanas es diversa, se han
encontrado campanas antropomorfas, pero la mayoría son
zoomorfas, inspiradas en la fauna autóctona. Se observa en
ellas la presencia de un asa que imita la cabeza del animal,
en general loros; un apéndice caudal, que haría las veces de
cola, opuesto diametralmente y adornos en relieve a los lados
del cuerpo de la pieza tales como alas. (6)
Su tamaño es diverso, las hay grandes, medianas y pequeñas.
No existen dos campanas iguales. Cada una es una creación
original del artista que la plasmo.
¿PARA
QUE SIRVIERON?
Su funcionalidad constituye aún hoy un enigma. Una de
las hipótesis sostenía que las campanas cumplían la función
de cubrir la brasa menuda y conservar el fuego del hogar; el
profesor Antonio Serrano consideró inadmisible la propuesta
anterior, asignándole a estas piezas un posible carácter totémico
o religioso
El estudioso
Fernando Gaspary confirió a estas piezas un carácter sagrado.
El acto de conservar el fuego debió ser motivo de un culto
especial. También consideró la posibilidad que hubiesen sido
utilizadas como sahumadores en actos ceremoniales o en
velatorios. (7)
Otra hipótesis sostenía que, por haberse encontrado
la mayoría de las campanas en tumbas y por analogía con los
aborígenes payaguás del Paraguay, que las mismas servirían
para residencia de los espíritus de los muertos de la tribu.
(8)
¿DE
DONDE PROVIENEN?
En lo que a su
origen respecta, los especialistas indican que no existieron
formas de campanas en el territorio amazónico ni el
territorio andino. En cambio si aparecen en la región de
Santiago del Estero. Es probable que estas influencias
llegaran al litoral siguiendo el curso de ríos como el Salado
o el Carcarañá. (9)
Otros especialistas, como Ibarra Grasso, señalan que
en la civilización maya las campanas son bastante conocidas,
señala la probabilidad de que las mismas llegaron a nuestro
país por medio de una sociedad secreta de varones, cuyos
ritos se difundieron extensamente.
Fernado V. Gaspary, por su parte, propuso una tesis que
difiere con la de la mayoría de los estudiosos y a la cual
adhirió la Asociación Arqueológica Indígena de nuestra
ciudad. Relacionó nuestras campanas con las de Santiago del
Estero y estas, con otras fuera del actual territorio
argentino, encontradas en Zacualpa, “vasos pato”
(Guatemala) y en Colombia y a su vez estableció relaciones
con piezas similares del lejano Japón, señalando que habrían
llegado por vía transoceánica a meso América. (10)
Sólo la salvaguarda urgente del patrimonio arqueológico
de la nación chaná en peligro de desaparecer y la
intensificación de las excavaciones arqueológicas y su
posterior interpretación podrían develar el enigma.
EL
FIN DE LOS CANOEROS
La nación chaná
moldeó su pacífica existencia al compás del río, también
por el río llegó primero la aculturación y el sometimiento;
luego la destrucción y el fin. Fueron fácilmente reducidos
en encomiendas y se mestizaron con el conquistador. Las pestes
y los malos tratos despoblaron las islas. (11)
Se produjo un vacío poblacional que no alcanzaron a llenar
las fundaciones españolas, y lo que es más grave aún, se
generó un aparente vacío cultural, que despertó el interés
de generaciones posteriores
que han intentado rescatarlos del olvido, desentrañar
sus misterios y aprender las lecciones de vida y de respeto
por la naturaleza que nunca alcanzaron a transmitirnos.


Cuando venga a
Victoria, visite el museo indígena en zona puerto.
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1.
Rex González, A., Pérez, J.A., Argentina indígena,
vísperas de la conquista, en Colección Historia
Argentina dirigida por Tulio Alperin Donghi, Bs. As.
Paidos, 1993, Tomo I, Introducción.-
2.
Serrano, A., Los primitivos habitantes de Entre Ríos,
Biblioteca Enterriana, Paraná, 1950, p. 139. -
3.
Rocha, T., Los Chanás, en Arce, F.A., Director,
Enciclopedia de Entre Ríos, Tomo I, p. 68. -
4.
Serrano, A., Los Pueblos y culturas Indígenas
del Litoral, Santa Fe. El Litoral, 1995, p. 55. -
5.
Rocha, T., Los Chanás, op. Cit., p. 75. -
6.
Asociación Arqueológica Indígena, Victoria,
Entre Ríos, Audiovisual “Culturas de Campanas o
Cultura Chaná – Timbú” a presentarse en las II
Jornadas de Educación por
el Arte.-
7.
Asociación Arqueológica Indígena, Enigmáticas
Campanas, en Crisol, 28 de Julio de 1984. -
8.
Ibarra Grasso, D.E., Argentina Indígena.
Prehistoria Americana. Buenos aires, Sudamericana, 1993,
p. 593. -
9.
Rex González, A., Pérez, J.A., Argentina Indígena...
, op. Cit., p. 124. -
10.
Asociación Arqueológica Indígena., C.A.
Banchero, Los Pagos de La Matanza, Intercambio Epistolar
con el Sr. Fernando V. Gaspary, 23 de abril de 1979. -
11.
Ceruti, C. N., La Población Indígena del
Litoral, Siglos XVI a XVIII, Municipalidad de la Paz,
1980, p. 8. - |
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