Domingo Gabriel Tagliafico"         

mingoar@hotmail.com

Marilú Aquino: 

Sin lugar a dudas bebe  los MATES DE LA REGIÓN,
MAS BRAVOS !!!
 
Tuve la oportunidad
de tomar 3 (tres) mates
... mi Dios !!!
Con una yerba suave sin palos, cáscara de naranjas sin secar, edulcorante y agua hirviendo...
El agua mezcla la yerba con el ácido de la cáscara y lo dulce del edulcorante , mientras se te parte la lengua al medio con los 130 grados del agua....
Los intestinos se retuercen con dolores tipo parto, ya en el tercero se te adormece la pierna, mientras que el diafragma buscar desesperadamente salir del espasmo.
Es una aventura !!

Felicitaciones Marilú

Nadie, pero nadie
lo hace como vos.

Tus hijos y
tus nueras
me apoyan en estos comentarios.

Te quiero mucho !!!

Sr. Turista:
A Marilú la puede encontrar todos los días a las 18:30 hs. en la puerta de su casa (Calle Italia) logicamente tomando MATE.
 

El idioma del mate

Mate Amargo:
Indiferencia. No esperes nada: Llegas tarde a pretender

Mate Dulce:
Amistad. Te recibo con gusto.

Mate con Canela:
Me estás interesando.

Mate con azúcar quemada:
Te estoy pensando.

Mate con naranja:
Ven a buscarme, quiero que vuelvas.

Mate con leche:
Respetuosa amistad.

Mate con café:
Estuve disgustada contigo. Te perdono.

Mate tapado:

No regreses. Anda a tomar a otro lado.

Mate muy caliente:
Espero tus palabras. Así es mi amor por ti.

Mate espumoso y fragante:
Amor correspondido.

Mate con toronjil:
Estoy enojada contigo.

Mate con melaza:
Tu tristeza me aflige.

Mate con té:
Indiferencia.

Mate con dulce:
Habla con mis padres.

Mate hirviendo:
Odio.

Mate con cedrón:
Consiento.

Mate con miel:
Casamiento.

Mates "encimados" o continuos:
Mala voluntad.

Mate cebado por la bombilla:
Antipatía.

Mate frío:
Desprecio.

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El mate no es una bebida, corazones de otro barrio. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país  nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás sola. Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda "¿unos mates?". Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los  pobres.

Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos. Los buenos y los hijos de puta.  

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: ¿Dulce o amargo? El otro responde: -Como tomés vos.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas.

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.

Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar  por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es porque ha descubierto que tiene alma.

O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.

Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solos. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
 

Por adentro hay revoluciones.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...

Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es  buena, la charla, no el mate.

Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa.

Es la sinceridad para decir: "basta, cambiá la yerba!"

Es el compañerismo hecho momento.

Es la sensibilidad al agua hirviendo.

Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ¿está caliente, no?

Es la modestia de quien ceba el mejor mate.

Es la generosidad de dar hasta el final.

Es la hospitalidad de la invitación.

Es la justicia de uno por uno.

Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día.

Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse
sin mayores pretensiones que compartir.

Ahora vos sabes, un mate no es sólo un mate...
....y ni hablar cuando se termina la yerba...
Domingo Gabriel Tagliafico          mingoar@hotmail.com